lunes 19 de mayo de 2008

Donde viven los inmortales

La historia del jardín japonés es también la historia de la búsqueda del paraíso, ese lugar de íntima relación con la naturaleza, donde el dolor y los pesares de la vida no entran. Pero hay algo más intrínseco a ello: la búsqueda de la inmortalidad, el deseo de que ese paraíso se mantenga para siempre. El inicio de esa búsqueda no sucedió en Japón, debemos rastrearla en el continente, en el comienzo de la dinastía imperial china. Y si quisiéramos, podríamos ir incluso más lejos, a Mesopotamia y Egipto, pero queremos esbozar aquí la influencia inmediata que tuvo la cultura japonesa al respecto.

Antes que nada, debemos aclarar que la cosmovisión japonesa de la época medieval (momento en que la visión del paraíso era parte tanto de la religión como del diseño de los jardines) es el resultado de la asimilación gradual de varias corrientes. Las influencias han provenido de Corea, China e India, aunque de esta última lo han hecho en forma indirecta, ya que los elementos de su cultura han llegado a Japón luego de pasar por el crisol chino. Así descubrimos que del continente han arribado tanto libros como maestros y artistas chinos, y junto con ellos no solo un idioma y una forma de escritura sino también la mitología, religión, filosofía, arte, urbanismo, costumbres, en fin, toda una cosmovisión. Al entrar en la época Kamakura el budismo ya llevaba 6 siglos desde su llegada a Japón fusionándose con el shintoismo. Más antigua había sido la introducción del cultivo de arroz, que conforma toda una cultura en si misma, hacia el 300 a.C. Al arroz le siguieron objetos de bronce, luego de hierro, formas de hacer cerámica, de pintar y esculpir, el calendario, la tinta y el papel. Finalmente, precisamente en 1191, llegara algo que con el tiempo conformara una verdadera mística, incluso una arquitectura: el te.

Ahora sí, de las contribuciones originales de la cultura china, ciertos elementos e imágenes de los mitos taoístas serán trasladados al diseño del jardín. Uno de ellos es el mito de las islas de los inmortales. Tal lugar paradisíaco estaba situado en el mar oriental, frente a la costa de Shandong. Las islas de ensueño tenían altísimas montanas, de miles de metros de altura. La abundancia en las islas era increíble, las construcciones eran de oro, plata y jade, los animales tenían bellos colores y había una frondosa vegetación compuesta por árboles de perlas y piedras preciosas. Los animales de las islas son de un blanco inmaculado. Ahí no termina todo, las islas ejercían una poderosa atracción sobre los antiguos chinos ya que guardaban el tesoro mas preciado: la juventud eterna. Los inmortales que vivían allí poseían poderes sobrenaturales como la levitación aunque preferían el vuelo en grulla entre las altas montañas.

Escena del mito de los 8 inmortales cruzando el mar

Un mito cuenta que las islas flotaban en la superficie, como sus habitantes temieron que se fueran a la deriva solicitaron ayuda al Supremo Gobernante del Cielo. Este envió 15 enormes tortugas en donde se asentaron las islas, aunque no por mucho tiempo. Un gigante atrapó algunas tortugas y se las llevó, como resultado dos islas fueron arrastradas por las olas y se perdieron. Tal es la impermanencia de las cosas, aún de las islas de los inmortales.

Lo cierto es que en la legendaria China antigua, donde el mito se confunde con la historia, hubo emperadores que creyeron realmente en la existencia de las islas y, preocupados por obtener el fruto de la inmortalidad, llegaron a costear expediciones para encontrarla. En la imagen de la izquierda podemos contemplar al autodenominado Primer Emperador o Shi Huangdi (260-210 a.C.). El era un hombre llamado a realizar empresas grandiosas, como unir bajo su mandato el infinito territorio de los reinos chinos, pretender cerrar tal territorio con la construcción de una Gran Muralla y abolir la inmensa historia previa a su reinado quemando todos los archivos reales. Su misma tumba continúa siendo objeto de especulaciones, aunque el descubrimiento del fabuloso ejército de terracota que lo protege en el mas allá hace que toda nuestra imaginación sea escasa. El hecho que nos interesa es su búsqueda “material” de la inmortalidad. El Primer Emperador estaba convencido de la existencia de las islas de los inmortales, con el fin de encontrarlas hizo 3 viajes a la isla de Zhifu, no tuvo éxito. Luego envió a un personaje al cual algunas leyendas lo vinculan con Japón: Xu Fu. Luego de varios años de búsqueda, volvió con las manos vacías pero alimento aun más la ansiedad del emperador al contarle que había estado cerca de cumplir con su cometido. Como los inmortales denegaron darle la planta sagrada, sugirió a Shi Huangdi enviar como ofrendas jóvenes y artesanos capaces de crear bellos regalos para los inmortales. Se organizo una flota de 60 barcos, 3000 muchachos y muchachas, los artífices y 5000 tripulantes. Con todo ese gasto su objetivo no fue cumplido, al cuestionar el emperador a Xu Fu este se excusó diciendo que bestias marinas habían impedido a la flota llegar a la montaña sagrada del mar. El emperador confió nuevamente en el, aumento la tripulación con arqueros y todos juntos se hicieron a la mar en el 210, para nunca más regresar.

La versión de que Xu Fu se dirigió a Japón y se estableció allí con el tiempo se popularizó. Una estampa del genial Hokusai muestra el instante en que Xu Fu llega al Monte Fuji y extasiado descubre que su búsqueda ha terminado.

El motivo de las islas de los inmortales, como dijimos al principio, se trasladó desde temprano al arte paisajista japonés. Así aparecen en innumerables jardines varias formas de representar las mismas. Generalmente se le llama isla Horai (ésta también puede ser una pequeña península en el estanque o una roca vertical dentro de una composición pétrea). Otras variantes comunes son las islas de las tortugas y de las grullas. En el número 64 de la revista Jardín (otoño 2008) hemos publicado un artículo donde aparece esta simbología en el diseño del jardín de tipo paradisíaco del Kinkakuji, más conocido como Templo del Pabellón Dorado. Allí dos islas plantean una relación con el pabellón: una representa una tortuga que se aleja del mismo (foto izquierda), la otra una que se acerca. La tortuga, así como la grulla, es un animal que vive mucho tiempo, de ahí su inclusión en el mito de las islas de los inmortales. Otras islas dentro del jardín japonés de este tipo se denominan islas de las grullas, el “vehículo” volante de los habitantes de las míticas islas.

Un par de islas, una de la tortuga y otra de la grulla, en el centro de la foto.

El jardín del Tenryuji o Templo del dragón celestial, situado al oeste de Kyoto, pertenece a un monasterio zen y fue realizado a comienzos del siglo XIV. Presenta un hermoso estanque no muy grande con algunos puentes y una serie de composiciones pétreas de contenidos simbólicos.

Jardín con estanque del Tenryuji

Frente a la vivienda del sumo sacerdote se encuentra una cascada diseñada con piedras que es muy hermosa, da la impresión de representar una catarata. La composición corresponde con el mito de la puerta del dragón. Ahora nos interesa una serie de rocas situadas delante de la cascada y dentro del estanque, parecen emerger del mismo. Las rocas son siete y representan las míticas islas de los inmortales.

Al fondo se observa la composición de la cascada, en el detalle debajo podemos ver las islas Horai

Otro jardín de Kyoto que presenta la simbología de las islas míticas, en este caso del tipo kare sansui o jardín seco, es el Ryogenin (ampliar foto izquierda). El templo posee varios jardines secos, el más grande constituye una representación del universo, “condensado” en un amplio mar de grava rastrillada. Dentro del mar encontramos tres composiciones: en el fondo, en la esquina, las islas Horai, a la derecha atrás una isla de las grullas, por último una isla de las tortugas con musgo representa la isla de las tortugas.

Este ha sido nuestro pequeño recorrido por la historia del antiguo mito de la búsqueda del paraíso de los inmortales y su presencia en el diseño paisajístico. Más allá de que uno conozca o no la simbología de los jardines japoneses, la percepción que uno tiene en su presencia es la misma: uno se siente como si estuviera en el paraíso. Allí el tiempo se detiene, o se esfuma literalmente, y la eternidad irrumpe. La búsqueda, como la de Xu Fu hace dos milenios, también ha terminado.

La imagen del primer emperador chino fue tomada del sitio www.arqueologos.org. La pintura de los inmortales cruzando el mar fue tomada del sitio sacredcircuits.net. El resto de las fotografías así como el texto pertenecen a los autores de este blog y no pueden ser reproducidas por ningún medio sin la autorización de los mismos. Gracias.

martes 6 de mayo de 2008

Viento y agua

En la última década se ha popularizado el conocimiento del Feng Shui, la geomancia china. Al igual que su similar chino, la palabra japonesa Fu Sui significa viento y agua respectivamente. Con esas alusiones a elementos naturales esenciales, tanto chinos y japoneses concibieron una ciencia que se encargaba de determinar la forma energética y el mejor lugar para edificar una casa, situar una tumba, desarrollar un jardín o diseñar una ciudad entera, dentro de su entorno artificial o natural. La geomancia entiende al ser humano dentro de una concepción holística del cosmos, concibiéndolo como una pieza integral de la naturaleza y sus campos de energía.

En la geomancia china el principal instrumento es el “compás” geomántico, el cual simboliza una reproducción del cosmos, una especie de mandala chino, una representación simbólico-iconográfica del universo. Esta dividido en 3 niveles, cielo, hombre y tierra. Ese mandala lo podemos ver en el plano del Templo del Cielo, la foto arriba a la derecha. Debajo a la izquierda podemos observa el famoso palacio imperial de la Ciudad Prohibida, en Pekìn.

La geomancia práctica se asemeja a una acupuntura de la naturaleza, y la acupuntura a una geomancia del cuerpo humano, según lo describe el arquitecto Gunter Nitschke en su libro “El jardín japonés”. Es la noción del acto reflejo, cielo y tierra, ser humano y naturaleza, es una concepción holística. Para darnos una idea de la importancia que se le dio a esta disciplina, bajo el reinado del emperador Temmu la geomancia incluso se convirtió en asunto de estado, había una central de inspección llamada la oficina del Ying y el Yang. De esta integración de lo que percibimos como “diferentes” planos de la realidad, incluyendo el tiempo, se constituyó el arte de la geomancia.

Japón poseía un arte geomántico particular antes de la importación del Feng Shui de China. Estaba ligado al sistema religioso-agrícola del cultivo de arroz y comprendía las relaciones entre los kamis de la montaña, la gente de la aldea, el campo de cultivo y el santuario situado en el punto de contacto entre lo divino y lo humano. Pero ya en la antigüedad la consolidación de un poder centralizado bajo el emperador hizo que se adoptarán varios aspectos de la cultura china, que era tomada como un referente, un modelo a seguir.

La primera capital más o menos estable erigida según ese modelo fue la de Asuka, en el siglo VII. A partir de ese momento se fue trasladando hacia el norte en forma regular y no solo eso: se adoptó el modelo cuadriculado de las ciudades imperiales chinas. La primera de tales emplazamientos fue Fujiwara (fines del siglo VI, luego vendría Heijo (la Nara actual) 710-784 y finalmente Heian-kyo, o capital de la Paz y la Tranquilidad. En 794 se convirtió en el asiento del gobierno imperial y dio comienzo a un nuevo periodo de la historia japonesa que lleva el nombre de la ciudad: periodo Heian.

Tanto los jardines, como los palacios y las ciudades de China y Japón se orientan en lo posible mirando hacia el sur. Los chinos creían que todo el poder procedía de lo alto, del cielo, y no lo concebían como un ser personal. El intermediario, el que producía el equilibrio de esa fuerza tremenda y nuestro mundo era el emperador. Por eso se lo compara con la estrella polar, el movimiento de las constelaciones parece ser una rueda alrededor de ese centro fijo de la estrella, a su vez, el soberano celeste. Aquí en la tierra todo gira alrededor del emperador, que se sitúa en su palacio erigido en el norte de la ciudad.

Actual trono del palacio imperial de Kyoto.

Desde allí, una ancha avenida separa en dos la ciudad, mejor dicho se conforma como su eje, su columna vertebral. En el caso de Kyoto, la avenida tenía 85 metros de ancho. Podemos observarla en la fotografìa de la derecha y debajo. Otra avenida un poco más ancha cruza perpendicularmente la ciudad por el frente sur del recinto palaciego. Una diferencia de las ciudades imperiales japonesas con respecto a las chinas es la ausencia de murallas, eso se debe a su aislamiento del continente.


Maqueta del recinto imperial de Kyoto, se puede observar la traza de la avenida

que comienza en el portal sur del complejo.

Ya que estamos con las cuestiones de protección, tanto las ciudades como las tumbas debían adoptar una configuración geomántica tipo sillón, rodeadas por tres costados (el respaldo y los dos apoyabrazos) por montañas. En chino la palabra que denomina esta forma es Xue, que significa cueva o refugio. El mismo ideograma de Xue se usa para designar el punto de acupuntura. La ciudad de Kyoto cumple con esos requisitos: se encuentra en un valle y rodeada por tres costados de montañas de alrededor de 1000 metros. Hacia el norte encontramos las montañas Tamba y en el noreste la altura máxima: el Monte Hiei. Según el feng sui había que conjurar la dirección mas nefasta: el noreste. En el caso de Kyoto entonces, el monte Hiei protege a la ciudad de los fríos vientos invernales que provienen del noreste.


El monte Hiei se insinúa en el horizonte y complementa el marco del jardín zen del templo Shodenji.

Estas montañas no solamente daban a los jardines, templos y palacios un hermoso marco, mantienen una especie de microclima con altos niveles de humedad, lo cual favorece el crecimiento del musgo, uno de los elementos distintivos de los jardines. Las montañas también proporcionan abundantes fuentes de agua que son utilizadas en los jardines. Tres ríos atraviesan Kyto: el río Katsura por el oeste, el río Kamo por el este y el río Uji por el sur. Ellos encarnan la presencia del elemento agua, y por ende de la abundancia y la prosperidad que va unida a ella, no olvidemos que estamos hablando de sociedades netamente agrícolas. Así se completa el esquema de armonía entre el viento y el agua, y la mejor evidencia de ello es la Kyoto moderna, una ciudad con 1300 años de historia donde conviven un millón y medio de personas.

La configuración urbana de la ciudad inicial se reproducía a escala menor en las villas aristocráticas y palacios, con jardines ubicados en el sur de las edificaciones. Los pabellones “abrazaban” a los jardines, ya que de los extremos del edificio principal situado en el norte procedían dos extensas galerías que delineaban el jardín por el este y el oeste. Eso al menos sucedía en la época Heian, comprendida entre fines del siglo VIII y fines del siglo XII: De esa época data el sakuteiki, el manual de jardinería más antiguo que se conoce. El texto está lleno de alusiones geománticas, una de ellas se refiere a la ubicación de la casa o pabellón con respecto al curso de agua, este constituye un elemento indispensable del jardín y alimenta al estanque. La ubicación favorable era la que estaba rodeada por el recorrido del río, arroyo o curso de agua canalizado. Así habla el Sakuteiki:

“Considera un lugar rodeado por el meandro de un río como el vientre de un dragón. Feliz aquel que construya su casa sobre el vientre del dragón. El que construye su casa sobre la espalda del dragón está desafiando al destino…”[1]


La obediencia a esa indicación, que no es ni mas ni menos que la búsqueda de la armonía entre arquitectura y naturaleza, sobrevivió al paso del tiempo. Ejemplo de ello es la disposición de los pabellones del templo Tenryuji en Kyoto y que podemos observar arriba. También lo podemos observar en el jardín de la villa imperial de Katsura, en Kyoto, situado al margen del río del mismo nombre. Fue realizado entre los años 1616 y 1660. Todos los edificios se encuentran en los diferentes “vientres de dragón” que delinean los brazos del estanque. Es una villa de ensueño, uno de los más bellos ejemplos de la estética japonesa, perfecta integración de obra humana y naturaleza.

Representación de la villa Katsura


[1] En El jardín japonés por Gunter Nitschke, pág.36, traducción de Carmen Sánchez Rodríguez.



viernes 21 de marzo de 2008

Todas son perfectas...

Como hemos dicho en otras oportunidades, el pueblo japonés ha sido a lo largo de su historia, sumamente sensible a la naturaleza y a los cambios que produce el cambio de las estaciones. Han practicado desde hace muchísimo tiempo diferentes ritos y festividades en donde festejan los ciclos agrícolas, la fertilidad, por ejemplo. En otoño son aficionados a contemplar la luna y los arces que se han teñido de rojo. En primavera el árbol del cerezo Prunus serrulata, es su nombre botánico, o sakura como lo llaman aquí, tiene un papel preponderante. A lo largo de toda la historia del pueblo japonés este árbol ejerció una gran fascinación y podríamos decir que hasta se formó un culto alrededor del mismo. Podríamos pensar que esto también esta relacionado con el shinto, la religión nativa del país, la cual promueve una actitud de reverencia y respeto por todo el mundo natural. Todo aquello que posee una cualidad excepcional en la naturaleza, como un árbol muy añoso, una alta cascada o una piedra con forma extraña, es reverenciado por ser el asiento de los kamis o dioses.

El sakura inspiró a artistas de diferentes épocas y campos, como lo vemos reflejado en la cerámica, la poesía (haikus), los diseños de los kimonos, la gastronomía o la música: sakura es una canción tradicional y muy popular.

Se le presta tanta atención que hasta el mismo servicio meteorológico nacional anuncia su floración. La misma comienza en el mes de enero en la sureña isla de Okinawa, luego va ascendiendo hacia el norte, pasando por Tokio y Kyoto a mediados de marzo hasta llegar a Hokaido, al norte, algunas semanas después. La Televisión brinda junto con el pronóstico diario, imágenes de la floración en diferentes lugares del país. Si normalmente lo único que nos interesa es saber si va a llover o no, allí hay además una información preciosa para los amantes del sakura. Las publicidades y anuncios tienen al cerezo como tema central, mostrando por ejemplo hermosas fotos con el epíteto “dentro de poco..los sakuras”. Además los locales comerciales son decorados con sakuras y también los motivos principales de artículos diversos, desde golosinas hasta especias, artículos de regalaría o prendas de vestir, tienen este motivo. En la foto derecha podemos ver un paseo comercial tradicional del barrio de Asakusa, en Tokyo.

Cuando llega la primavera la tradición del hana mi convoca a gran cantidad de gente, en templos, santuarios, jardines y parques. Hanami, formado por dos kanji, el primero de flor y el segundo el verbo ver, 花見, se podría traducir como “contemplar las flores” para disfrutar de su belleza. Esta costumbre se puede rastrear hasta el siglo VIII, hasta el período Nara, donde la nobleza había imitado la costumbre de la vecina China, en donde se congregaban para admirar las flores del ciruelo. Mas tarde el sakura fue desplazando al ciruelo, aunque la belleza de este último aun hoy en día es muy apreciado todavía.

Sakura del templo Kenninji, en Kamakura

El parque Gyoen en Tokyo, cerca de la concurrida estación de Shinjuku, es uno de los lugares famosos por la gran variedad de saturas que posee. Cuando llegamos a él, un día a mediados de marzo, nos asombró ver que una muchedumbre se aprestaba a ingresar al mismo. La gente se congrega en familia y con amigos para contemplar y admirar la belleza de estos árboles. Son también muy aficionados a sacarles fotos. Y nos dimos cuenta que no es para menos, cuando estos árboles florecen es un espectáculo impresionante, inusual, parecen provenir de otro mundo.

Son de una hermosura particular, sencilla, un canto a la vida. Ese soleado día de marzo, con el cielo celeste como telón de fondo, el delicado rosa pálido de los sakuras desplegaban una belleza sin igual. Uno siente que se podría quedar contemplándolos para siempre. Pero ello no va a ser posible, como la flor dura muy poco, a la semana de florecer se cae, en la cultura japonesa el sakura encarna desde la antigüedad un símbolo de lo efímero y fugaz de la vida. Por ello atrajo la atención del samurai, cuyo papel en la vida lo colocaba continuamente al borde de la muerte. Por eso la fascinación, tan bien retratada en la película El último samurai. Allí el líder samurai muere en el campo de batalla, saboreando esa última revelación que le otorgan las flores del cerezo: "todas son perfectas...", sus últimas palabras.

No olviden ver el video un poco más abajo.



martes 4 de marzo de 2008

El bosquecillo de Bambú

Al oeste de Kyoto, en la zona llamada Arashiyama, detrás del templo Tenryuji, se encuentra un encantador bosquecito de bambú. El recorrerlo aviva los sentidos, a medida que uno avanza se siente el sonido del viento a través de las hojas y el suave crujir de los troncos al mecerse con la brisa. Todo el paisaje se tiñe de diferentes tonos de verde, la alfombra de hojas secas, los rayos del sol a través de las hojas, los aromas del verdor completan el sensual cuadro.

Desde tiempos remotos esta planta tiene importancia económica y cultural para países como Corea, China, Vietnam, Indonesia, Japón. En estos países esta dúctil planta era y es usada en campos tan diversos como culinaria, medicina, cestería, arquitectura, decoración, jardinería, artesanías, entre otros.

En Japón por ejemplo hay negocios especializados que venden solo artículos hechos de este material. A comienzos de la primavera las cartas de los restaurantes ofrecen en su primera página platos de estación cuyos componentes más importantes son los brotes de bambú. También se los encuentra en gran cantidad en los supermercados.

El noble bambú es el alimento principal para el panda, cuyo último vestigio de hábitat en estado natural se encuentra en China.

Es símbolo de flexibilidad y resistencia, tenacidad y perseverancia ya que puede sobrevivir bajo condiciones adversas como la nieve y soporta sin quebrarse fuertes vientos .

Un pintor chino, Zheng Banqiao, de la dinastía Qing (1616-1911) dijo:

Sus raíces prenden bien en la montaña; ni siquiera las rocas desordenadas pueden impedirles brotar y crecer; se mantienen firmes e inquebrantables ante una miríada de adversidades, vengan de donde vengan.

Ejerció fascinación en la antigua China y Japón. Desde tiempos tempranos inspiraron a artistas y fueron motivo de pinturas y poemas.

Sentado solo, en el bosque de bambú,
toco el laúd, silbo largo tiempo.
Al bosque profundo la gente no lo conoce,
la luna brillante viene y acerca su claridad.

Poema chino: El bosque de bambú

Sus tallos huecos crecen enhiestos hacia el cielo; si cultivo la modestia, comprendo claramente el sentido de la vida.

El haiku es la poesía tradicional japonesa referida generalmente a las estaciones y entorno natural. Debajo podemos ver algunos haikus, escritos por mujeres poetas referidos al bambú.

You rose / with eastern clouds / and left. / The dew on bamboo leaves / has longer stayed with me.

Tú rosa

con nubes del oriente

te fuiste

La gota de rocío en las hojas de bambú

ha permanecido más tiempo conmigo.

Izumi Shikibu



I only love to paint bamboo / its greenness / reflected on my garment.

Solamente quiero pintar al bambú

su verdor

reflejado en mi vestido.

Ema Saiko

This gentleman / grows and grows / auspiciously: / learn from him / and you will ever flourish.

Este caballero

crece y crece

auspiciosamente

Aprende de el

y siempre crecerás

Otagaki Rengetsu

Let us plant / in a warrior's garden. / May you become bows, may you become arrows / clumps of bamboo / of ten thousand years.

Plantemos

en un jardín de samurai

Puede que te conviertas en arcos, puede que te conviertas en flechas

manojo de bambú

de diez mil años

Takabatake Shikibu

One must bend / in the floating world / snow on the bamboo.

Uno debería inclinarse

en el mundo flotante

Nieva sobre el bambú

Chiyo-ni

El haiku anterior menciona al “mundo flotante”, se refiere a la cultura que nació en Edo (la ciudad actual de Tokyo) en la segunda mitad del siglo XVII. Allí, mientras se exaltaba el placer y los pasatiempos, el rígido sistema jerárquico se desvanecía por un momento. En este marco nace el arte del Ukyo-e, las famosas estampas japonesas.

Tonight / as hail falls / on bamboo leaves / rustling, rustling / how can I sleep alone?

Esta noche

mientras el granizo cae

sobre las hojas de bambú

susurrando, susurrando

¿Como puedo dormir sola?

Izumi Shikibu


NOTA: Los haikus fueron extraidos de: http://www.earlywomenmasters.net/masters/bamboo/index.html.

La traducción al español es nuestra.

viernes 29 de febrero de 2008

En una ciudad del sur...(última parte)

Hagan click si no leyeron la primera y la segunda parte

8:15 Un momento marcado a fuego en la memoria de los sobrevivientes. A la hora señalada las compuertas del Enola Gay se abrieron, unos segundos más tarde se abrían las puertas del infierno. La bomba explotó a 600 metros de altura, creando una gigantesca bola de fuego de casi 300 metros de diámetro (ver maqueta debajo con la bola de fuego roja) y una todopoderosa onda expansiva que avanzaba a casi 400 metros por segundo. Al mismo tiempo la explosión irradió rayos calóricos y la invisible radiación hacia todas las direcciones. La destrucción fue instantánea, todos los edificios que estaban en un radio de 2 kilómetros a partir del hipocentro colapsaron y se quemaron completamente. Solo unos pocos de concreto se salvaron. Se creó una nueva palabrita: hipocentro, el punto en la superficie situado justo debajo de la explosión de altura. Si los edificios fueron destruidos totalmente…¿es posible imaginar lo sucedido con las personas que se encontraban allí?

Cuesta comprender la repetida afirmación de que las personas que murieron instantáneamente fueron afortunadas. Pero realmente fue así, los que sobrevivieron a los primeros segundos de la explosión se enfrentaron aturdidos al peor horror de la historia. ¿Hay forma de describir lo que vivieron? ¿Se puede transmitir lo que no tiene nombre? Las imágenes, esto es, las suscitadas por los relatos orales y los dibujos realizados por los sobrevivientes, son escalofriantes. En tonos marrones, rojizos, negros, aparece una y otra vez el mismo paisaje, personas caminando como zombies con su piel quemada colgando a jirones, otras que se arrastran para tomar agua de un río de cadáveres, gente por doquier pidiendo ayuda sin obtener respuesta, madres desesperadas que no pueden socorrer a sus hijos atrapados en la casa que arde.

Recreación del infierno atómico, Museo de la Paz de Hiroshima

Además del sufrimiento físico y el dolor emocional de haber perdido a los seres queridos se sumaba la incertidumbre: ¿Qué había pasado? Una de las sobrevivientes se encontraba en la ciudad aunque a un par de kilómetros del hipocentro. Era una estudiante de secundaria que en el momento de la explosión estaba manejando un tranvía, era el servicio que le había sido encomendado debido a la escasez de empleados masculinos adultos. Cuando todo explotó ella pensó que había sido la causante, de que había hecho algo mal en el tranvía o se había llevado algo por delante.

Al menos sobrevivió, esa no fue la misma suerte que corrieron la mayoría de los estudiantes que habían sido asignados a tareas de demolición en las zonas cercanas al hipocentro. De los 8400 adolescentes asignados ese día, 6300 fueron aniquilados. Se encontraron algunos uniformes de los mismos, pero el objeto que más conmueve es una cajita metálica con los restos carbonizados de la vianda que llevaba una muchacha de 13 años, Shigeru Orimen. Esos elementos fueron los que permitieron el reconocimiento de los cadáveres, ya que la gran mayoría de la zona cercana al hipocentro estaban carbonizados, desfigurados o incompletos. Algunos literalmente parecen haberse desintegrado, dejando apenas una sombra en el lugar donde se encontraban, como la de la persona que estaba sentada en la escalinata del banco esperando que abriera (la misma fue donada al Museo por el banco).


La zona del hipocentro, antes y después de la explosión

Foto tomada a las 11 del 6 de agosto, a 2 kilómetros del hipocentro

La zona del hipocentro, fotografiada a dos meses del ataque

Con el correr de las horas los sobrevivientes comenzaron a darse cuenta de que lo que había sucedido estaba fuera de todo lo conocido hasta entonces. Esa pequeña certidumbre contrastaba con la fuerza de un enemigo mortal invisible que atacaba sin piedad no solo a los que habían sobrevivido, sino a aquellos piadosos que se habían salvado de la explosión por haber estado a una distancia considerable pero que se dirigieron inmediatamente a la zona de desastre para ayudar a socorrer a los heridos. Personas aparentemente sanas en los primeros días después de la explosión, comenzaron un tiempo más tarde, entre algunos días y varias semanas, a perder el pelo y a expeler sangre por la boca y la nariz. Nadie podía ayudarlos. Morían sin cesar en los hospitales. Se desconocían los tratamientos y además pasó bastante tiempo para que pudieran llegar los elementos adecuados para ello. Hasta el día de hoy, las secuelas dejadas por la radiación siguen llevando gente a la tumba antes de tiempo.

Hiroshima: una historia que no termina

Al ver Hiroshima hoy, una ciudad nueva y moderna, parece mentira que haya sido totalmente desvastada hace poco mas de 60 años. La bomba mató casi 140.000 personas y dejó terribles secuelas físicas, genéticas y psicológicas en miles y miles de sobrevivientes. Parece mentira que el gobierno y buena parte de la población norteamericana siga justificando semejante acción, afirmando que era la única forma de terminar en forma rápida la guerra, y evitando así el desembarco de tropas norteamericanas en las islas, hecho que hubiera acarreado un gran número de bajas. ¿Se puede justificar algo así? Aunque Hiroshima sigue mostrando al mundo entero y a quien quiera ver el terrible dolor sufrido hoy hay países que festejan el desarrollo y las pruebas nucleares. ¿Que nos pasa como seres humanos? ¿Que nubla nuestro entendimiento?

-El gobierno norteamericano deliberadamente evito bombardear la ciudad antes para conocer la magnitud de la destrucción del la bomba.

-Deliberadamente no emitió ninguna advertencia antes de tirar la bomba.

En 1995, en el Museo de Washington se presentó una muestra que exponía al Enola Gay, Había sido restaurado y expuesto para el público. El mismo avión se había utilizado para el reconocimiento necesario para el ataque atómico contra Nagasaki 3 días después de Hiroshima. El piloto del avión, Paul Tibbets, se muestra satisfecho y orgulloso sobre la muestra. Los encargados del museo se mostraron sorprendidos cuando recibieron un email del alcalde de Hiroshima sosteniendo que la muestra era una justificación a las armas nucleares y una ofensa a las victimas y a los que aun hoy sufren sus consecuencias.

Circulan versiones que sostienen que los tripulantes del Enola Gay se suicidaron o se volvieron locos luego de darse cuenta de lo que habían hecho, muy por el contrario, en entrevistas posteriores que se le han hecho, se muestran muy orgullosos de haber cumplido la misión que se les había encomendado.

¡Qué difícil se vuelve escribir sobre esto! Cuando visitamos el Museo de la Paz de Hiroshima nos preguntábamos que enorme responsabilidad y criterio hay que tener para exponer al público los distintos objetos personales recuperados después del holocausto. ¿Hasta que punto mostrar para no caer en lo macabro por un lado o en el “suavizamiento” desmedido por el otro? Lo seguro es que en la segunda opción resultaría imposible comprender lo que pasó y mucho menos ponerse en el lugar de las víctimas. Las huellas presentes de la crueldad, ya sea un reloj, un triciclo, la escalinata de un banco o un uniforme de un estudiante, son apenas testigos mudos de una destrucción sin nombre.

El triciclo que conducía Shinichi (casi 4 años de edad), frente a su casa

situada a 1500 metros del hipocentro, cuando fue alcanzado por la explosión

Cuando se cumplieron 60 años de la bomba el alcalde de Hiroshima, pronuncio una "declaración de Paz", afirmando que la raza humana no tiene el vocabulario que se necesita para explicar fielmente lo grotescamente horrorosa que fue esa experiencia y suficiente imaginación para cubrir esa brecha. "nublando con auto indulgencia el lente de la razón con el cual deberíamos estar estudiando el futuro"

Luego de la explosión se dijo que ninguna planta o árbol crecería por más de 70 años, pero al poco tiempo el verde empezó a aparecer, y esto dio esperanzas a los sobrevivientes para continuar su vida y para comenzar la reconstrucción.

Hiroshima renació con gran vigor, hoy es una ciudad muy activa y con mucho verde: la fuerza de la vida que nació después de la tragedia. Los árboles que quedaron de ese momento, son monumentos a la vida y a la memoria de toda la humanidad.

lunes 25 de febrero de 2008

En una ciudad del sur ... (Segunda parte)

Hagan click para ir a la primera parte

La investigación para desarrollar una bomba atómica comenzó durante 1939 en los Estados Unidos. La motivación la constituía el miedo de que la Alemania nazi la construyera primero. En esos momentos Japón estaba lejos de la mirada de los militares estadounidenses. En 1942 se lanzó el tristemente célebre Proyecto Manhattan, que llegó a emplear 120000 personas. Podemos ver en el mapa los centros involucrados en el proyecto. Los mejores cerebros del momento se dedicaron por completo a cumplir con el objetivo. Junto con las grandes corporaciones de la industria química, metálica, eléctrica, automotriz, petrolífera y de la construcción se realizó un gigantesco esfuerzo, al mismo tiempo que se invertían 2000 millones de dólares. Una suma extraordinaria, aún hoy. Efectivamente, la unión hace la fuerza, pero la irracionalidad luego la dirige hacia la destrucción.

Aunque los temores hacia Alemania con el transcurso de la guerra se desvanecieron totalmente (aunque afloró el horror del holocausto al final de la misma), la flecha ya había sido disparada. Esa fue la razón por la cual en septiembre de 1944, cuando la situación en Europa se empezaba a afianzar a favor de los aliados, el presidente Roosevelt y el primer ministro Churchill acordaron que la bomba debía ser usada contra Japón. Inmediatamente, en Utah, un grupo especial bajo el mando del coronel Tibbets se formó y empezó a hacer los preparativos para el bombardeo con un avión B29. En el escenario de la guerra del Pacífico, recientemente los japoneses habían perdido las islas Marianas, era un sitio estratégico para poder bombardear Japón. Desde ese momento la caída japonesa se aceleró, la guerra submarina diezmó la flota mercante y dificultó muchísimo el abastecimiento. La propaganda oficial japonesa por supuesto seguía asegurando el triunfo, aunque la realidad era muy distinta, Japón estaba sin capacidad de respuesta. En febrero de 1945 cae Iwojima. En abril comenzaba la toma de Okinawa. Ese mismo mes muere Roosevelt. A partir de ese momento se convierte Truman en el responsable de la finalización del proyecto atómico.

En mayo de 1945 comienzan las reuniones del comité que elegiría el objetivo. En principio el criterio era seleccionar aquellas ciudades que por su topografía maximizaran el efecto de la explosión. Mientras tanto millones de japoneses, hombres y mujeres, niños y ancianos, tanto soldados como artistas, filósofos, campesinos y obreros continuaban la dura vida de los últimos meses de la guerra. Jamás imaginaron que un pequeño grupo de personas del otro lado del océano estaban decidiendo su suerte, como en un cruel juego de dados. La ciudad donde habitaban, donde habían crecido y disfrutado de los tiempos de paz se había convertido para el comité estadounidense en algo frío, un objetivo, un mero punto negro en el mapa. El 11 de mayo se reduce la lista de objetivos a 4: Kyoto, Hiroshima, Yokohama y Kokura. La lista cambiaría mas tarde. El 28 de mayo se prohibieron los bombardeos aéreos en esas ciudades con el fin de poder observar fielmente los efectos de la explosión. Sus ciudadanos pensaban que tenían una gran suerte, permanecían intocables mientras otras ciudades eran destruidas por los bombardeos incendiarios. Kyoto se sacó de la lista por su papel simbólico para el pueblo japonés. Como sede de la familia imperial y la corte durante más de mil años, su destrucción hubiera dificultado la ocupación del territorio.

Mientras el verano avanzaba, los últimos eventos de esta triste historia se desarrollan vertiginosamente. El 16 de julio de 1945 se realiza exitosamente el primer test en un desierto de Nuevo México. El 25 de julio se da la orden de arrojar la bomba. El mismo día llega el artefacto (foto derecha) a la isla de Tinian, en las Marianas. La tripulación del B29 se encontraba allí desde principios del mes. El 26 de julio se demanda la rendición incondicional de Japón. No hay respuesta. El 2 de agosto se define la fecha del 6 de agosto para arrojar la bomba, la última lista de objetivos potenciales tiene tres nombres: Kokura, Nagasaki e Hiroshima.



Llega el día fatal, a la 1:45 de la mañana despega el B29 que el coronel bautiza con el nombre de su madre: Enola Gay. Ironías humanas, en el vientre lleva la muerte, no la vida. El “Pequeño muchacho” (así habían bautizado a la bomba) que llevaba dentro iba a cegar la vida de miles de personas. El viaje duraba 6 horas y media. En la imagen inferior podemos observar el recorrido.














El blanco elegido en el caso de la ciudad de Hiroshima era (según la orgullosa tripulación), perfecto: un puente en el centro de la ciudad donde un río se divide en dos. En la imagen de la derecha podemos observar la claridad del blanco, el punto de encuentro de 5 líneas.

Imagen del puente en la actualidad, con el edificio a la derecha llamado Gembaku dome.

Mientras se desarrollaba el viaje, el copiloto Robert Lewis anotaba lo sucedido en un diario

“El Viejo toro (así le llamaba a Tibbets) muestra señales de haber tenido un día duro. Se merece una cabezadita”.

“04.25. Me pasa los controles del avión”.

“07.24. Tibbets habla. Sólo dice dos palabras: Es Hiroshima”.

Se había confirmado el objetivo, la suerte de la ciudad estaba sellada. En esas instancias, todo se resumía en una cuestión metereológica: si hubiera estado nublado sobre Hiroshima, le hubiera tocado el turno ese día a Nagasaki o Kokura. Mientras esto pasaba en el Enola Gay, en Hiroshima la noche había sido sobresaltada. A las 0:25 había sonado un alerta. A las 2:10 se levantó. Otra sirena suena a las 7:09, el descanso había sido muy corto. La provocó el avión de reconocimiento que inmediatamente le daría la información a Tibbets. A las 7:31 fue levantado el alerta. Los ciudadanos salieron de los lugares de refugio, públicos o privados, y se prestaron a comenzar el día. Muchos comieron el último desayuno. Un rato más tarde una campana sonaba en la Estación Central de Difusión de Hiroshima. Era un aviso urgente para ser emitido al aire del Cuartel General Militar de la ciudad.

En la foto de arriba podemos ver una maqueta del distrito más cercano al centro de la explosión, antes de la misma. En la parte superior se encuentra el blanco, fácilmente visible desde gran altura



Por este mismo cielo

pasó el Enola

Gay luego de

arrojar la bomba

Prosigue el diario de Lewis:

“08.14.El coronel nos ordena que nos coloquemos las gafas especiales Polaroid contra el fogonazo”.

“08.15, las compuertas del compartimento de bombas del Enola Gay se abrieron y la primera bo

mba atómica se libera del anclaje”.

En la estación de radio, el anunciador Furuta graba el texto recibido y lo comienza a pasar:

“¡Reporte del Cuartel General del Distrito Militar de Chugoku! Tres grandes aviones enemigos avanzan desde Saijo…” El mensaje no concluyó.

Lewis prosigue con sus anotaciones:

“08.16. A los 43 segundos del lanzamiento y tras casi seis millas de caída, la bomba detonó sobre Hiroshima”

(Continuará)

lunes 18 de febrero de 2008

En una ciudad del sur...














En el sur de la isla principal de Japón, Honshu, hay una bonita, populosa y moderna ciudad. Recostada sobre una hermosa bahía, esta surcada por seis ríos. Es la sede principal de la fabrica Mazda. Llama la atención su dinamismo y energía. En el centro comercial hay inmensos shoppings y extensas galerías cubiertas repletas de negocios y gente caminando, comprando, trabajando y comiendo. Una red de modernos tranvías enlaza toda la ciudad. Un imponente edificio de 150 metros, el NTT Credo Motomachi Building domina el skyline de la ciudad, parece haber sido construido recientemente pero ya va a cumplir 15 años. A poco de estar nos hemos percatado de una ausencia: no se ven por ninguna parte edificios antiguos. Altas torres de oficinas, lujosos hoteles, museos y parques completan la estructura de esta ciudad sureña, que parece no tener pasado, parece haber sido construida de una sola vez, como sacada de la nada.